¿Conspiración o Verdad? El Güegüense bajo la lupa


Por Lolo Morales*

“Sólo soy alguien que, al escribir, se limita a levantar una piedra y a poner la vista en lo que hay debajo. No es culpa mía si de vez en cuando me salen monstruos”.

José Saramago

El día 23 de Octubre del año en curso publiqué un ensayo de mi autoría el cual titulé: “Toda la Verdad sobre el Güegüense”, en referencia a un escandaloso acontecimiento cuya génesis esta en el reconocimiento otorgado por la UNESCO en el año 2005 a El Güegüense gracias a la labor de un insigne folclorista diriambino, maestro de generaciones, profesor lasallista, mi maestro y el padre de uno de mis mejores amigos. Me refiero al Profesor Juan Carlos Muñoz. Dicho ensayo fue posteado (anglicismo del verbo to post) en el blog de mi creación: Instituto Pedagógico de Diriamba cuya dirección electrónica es https://institutopedagogicodediriamba.wordpress.com/ el cual es el sitio “no oficial” de los ex alumnos del IPD. Se me dio entonces la oportunidad de atender un reclamo y darle voz a una legitima denuncia en medio de una inmensa nostalgia y el rescate de la memoria histórica de cientos de estudiantes que pasaron por las aulas de este afamado colegio que fue uno de los mejores que existieron en Nicaragua entre 1940 hasta 1973, año en que el mismo fue destruido por un fuerte sismo para nunca más volverse a reconstruir.

Por encargo de la familia Muñoz, representada por mi amigo y ex compañero de colegio, el señor Juan Carlos Muñoz Amador ex alumno del IPD y por su sobrina la Señorita Marisela Gutiérrez Muñoz, hijo y nieta respectivamente del Profesor Juan Carlos Muñoz Pérez, me di a la tarea de redactar un ensayo, o lo que es igual, a plantear una tesis y hacer una denuncia sustentada en la más amplia documentación y pruebas que me fue posible reunir, con el propósito ulterior de que este escrito sirviera a su vez para sustentar el legitimo reclamo que la familia del Profesor hace en función de la restitución de la Señorita Gutiérrez en el cargo de Mayordoma del Güegüense; pues todo parece indicar, según lo que tuve a la vista y lo que de oídas me enteré por boca de sus más allegados, que ella fue defenestrada “injustamente” por el Padre Gustavo Zúñiga y es solidarizándome con su causa y la de su familia que me decidí a escribir y no por ninguna otra razón como aduce la Señora Luvy Rappaccioli en su artículo publicado en El Nuevo Diario intitulado “La Mayordomía del Güegüense”.

Al realizar mi investigación, la evidencia fue tan abrumadora, que me vi en la necesidad de estructurar la tesis fundamental que planteo, a través pues de este amplio ensayo documental, el cual invito a que lean sin demora. En todo caso, si se me acusa o señala de algo debe ser de vocero de estas personas que, confiando en mi capacidad y criterio, me han pedido que a través de este escrito se reivindiquen los méritos del Profesor Muñoz sobre nuestro Patrimonio Cultural a la vez que se legitime el reclamo de Marisela en tanto que Mayordoma defenestrada de El Güegüense. Al final lo que ha quedado en evidencia y la conclusión a la que me he permitido llegar, es que todo se trató de una manipulación y un total abuso de autoridad de parte del padre Gustavo Zúñiga Cura Párroco de la Basílica Menor de San Sebastián en Diriamba, a favor de la Sra. Rappaccioli y en detrimento de Marisela. Y no, por decir esto, estoy pretendiendo soliviantar al pueblo en contra de la iglesia, ni promoviendo una rebelión o lucha de castas, más no de clases, porque los enfrentados en todo caso son los indígenas y mestizos herederos de la tradición versus los ladinos criollos descendientes de europeos.

Llega a tal extremo el problema a que me refiero en toda esta controversia que, en la actualidad y no porque yo lo diga o así lo haya escrito, existen en la calle dos bailes, uno patrocinado por la UNESCO y por padrinos afines al Padre Gustavo y a la Señora Rappaccioli y otro favorecido por la ayuda de la gente del pueblo. Lastimosamente para el primero, todas las fuentes consultadas coinciden en que el baile presentado por la actual “mayordoma” es decadente mientras que el baile conducido por la heredera del profesor Muñoz conserva la calidad en cuanto al vestuario, a los diálogos originales en lengua Nahualt y a la estética de las danzas primigenias, así como a la interpretación de la música; manteniendo con ello una pureza de estilo en la obra que la otra representación no muestra y que es al final de cuentas, lo que en verdad nos interesa.

Pero quizás la raíz del miedo y el revuelo causado por mi escrito tiene un solo origen: el dinero. Por ello yo dejo colocado en el tapete, tal como lo hago ver en mi ensayo, una cuestión fundamental; haciendo dos preguntas en una a mis lectores ¿Qué está haciendo la curia y el mayordomo con el dinero que reciben de la UNESCO y cómo lo están distribuyendo? Y es que el Güegüense que hay en mí no deja de aguijonearme recordándome aquel refrán popular que reza que: “quien parte y reparte, no siempre comparte, pero si se queda con la mayor parte”. Así que si por hacer este llamado de atención y plantearme esta pregunta ahora me llaman maquiavélico, marxista y anticatólico entonces que gobierne el príncipe, que predique Marx y que no haya más religión que la del Cristianismo sin nombres ni apellidos, pues por la verdad murió Cristo, por la Justicia Social escribió Marx y por la astucia de llevar un buen gobierno fue apreciado Maquiavelo. Y que quede claro que nada de esto es en verdad lo cierto, ni es el porqué de mi propósito, pues no existe otro interés en mi más que el de conservar la pureza de El Güegüense y exigir transparencia en la administración de los fondos que llegan para su conservación; todo lo demás es pura retórica disparatada de alguien que siente amenazado el status quo en el que se asienta su posición privilegiada y entonces lanza una cortina de humo con el claro objetivo de distraer la atención sobre lo que estamos evidenciando.

Yo considero que la señora Rappacioli a quienes debe dirigir sus ataques es a los familiares del profesor Muñoz y no a este servidor. Ella en todo caso, debería de preguntarle a la familia Muñoz si lo relatado en mi ensayo es cierto o falso, ya que como yo dije al comienzo, solo soy un escritor, y la veracidad de mi trabajo depende de las revelaciones de mis fuentes. Por lo tanto, es a esas fuentes que yo pongo al pie del ensayo, a las que ella debe de mostrar su inconformidad. Así mismo es menester que el Presbítero Zúñiga se pronuncie y deje de ocultarse bajo las enaguas de su protegida. Yo invito a la prensa seria de este país, a los periodistas investigativos que entrevisten a los señores Zúñiga y Rappaccioli, para conocer su versión de los hechos, así como también invito a que, paralelamente, entrevisten a los familiares del profesor Muñoz para que también ellos den su versión particular, y que sea entonces el periodismo quien determine con su trabajo objetivo, profesional y veraz los hechos tal y como sucedieron en realidad, ya que el tema del Güegüense es un asunto de interés nacional, con arraigo popular y no pecunio de encumbrados círculos sociales o grupos de poder económico.

En un mundo totalmente globalizado en el que la gente cada vez más se informa y se retroalimenta de manera cibernética, privilegiando el uso de internet y volcándose masivamente en las redes sociales como el facebook, era muy difícil que un secreto de sacristía provinciana quedará oculto entre los pasillos de las mansiones señoriales y los pliegues de la sotana del cura párroco. Se les olvido que estaban manoseando una de las más puras expresiones callejeras con la distinción de poseer ésta un acervo cultural de cientos de años ampliamente documentado por especialistas expertos de todas las latitudes y cuyos orígenes son meramente populares e indígenas precisamente. Y es que no podemos obviar que apenas son 6 los grados de separación entre la gente, por lo que al final todo se conecta, las cosas se comentan y la realidad queda en evidencia. Fue gracias al providencial facebook, a la creación de la sociedad de los 300, a la nostálgica tarea de recordar nuestro pasado lasallista que Juan Carlos y yo nos re encontramos y entonces sobrevino la conversación que diera pie a toda esta denuncia. Y como entre cielo y tierra no hay nada oculto, hoy la verdad ha sido dicha y es el pueblo quien tiene la última palabra.

*Escritor y poeta – lolomorales@gmail.com / https://institutopedagogicodediriamba.wordpress.com/

Nota: Este artículo fue publicado en la página de Opinión del Nuevo Diario,  http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/87469 en respuesta a un artículo publicado por doña Luvy Margarita Rappacioli Navas del 1 de Noviembre de 2010 titulado “La mayordomía del Güegüense” http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/87021. El autor del presente artículo en uso de su derecho a defenderse de los señalamientos de la señora Rappacioli en su contra, únicamente se limitó a replicar con altura y dejar sentado su posición ante el tema aludido.

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One Comment en “¿Conspiración o Verdad? El Güegüense bajo la lupa”

  1. Claudia Valle Says:

    Señor Lolo Morales:
    Deseo referirme a su artículo títulado: “Conspiración o Verdad? El Gueguense bajo la lupa”. Comprendo su grado de amistad con la familia Muñoz Pérez y tuve el gran placer de conocer al profesor Muñoz, antes de que falleciera, una gran persona y un gran maestro! También conocí a Maricela y admiré su esfuerzo y dedicación con respecto a la tradición.
    Lo que no puedo dejar pasar son sus insinuaciones con respecto al dinero que se recibió por parte de la UNESCO para poner en práctica el Plan de Acción para la Conservación de la Obra. Nunca se le entregó plata al Padre Gustavo. Se apoyaron cantidad de actividades: desde la publicación de libros, hasta el apoyo a los grupos tradicionales que salen a las calles en Enero…..todo se hizo con el visto bueno del Instituto Nicaragüense de Cultura y del Comité de Expertos (en el cual participaban Diriambinos). Le invito a pasar por nuestras oficinas para mostrarle los informes y brindarle mayor información para que tengo criterios más claros a la hora de emitir acusaciones falsas que hacen mucho daño a la Obra y al pueblo mismo que la conserva.
    Atentos saludos,
    Claudia Valle
    Secretaria Adjunta
    Comisión Nacional UNESCO


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